La ‘Estrella de los mares’ vuelve a navegar por el Mar Menor

Miles de personas acompañan a la Virgen del Carmen en la romería de San Pedro del Pinatar, que cumplió 176 años

«Para nosotros es un bautismo», esperaban ilusionados los armadores de ‘El Chato Uno’, Francisco Antonio López y Manuel Agüado. En su embarcación de ocho metros de eslora tenían ayer la alta misión de llevar a la Virgen del Carmen en la romería marítima que cada año siguen desde mar y tierra cientos de fieles y turistas. Un bautismo del que esperaban bendiciones estos dos pescadores que representan la savia nueva de la Cofradía de San Pedro del Pinatar, la generación que garantiza la pervivencia de artes de pesca únicos del Mar Menor a contracorriente del «futuro de las aguas, de la pesca furtiva y de los impuestos con los que nos fríen», afirmaban ayer en el muelle al que sus compañeros de fatigas marineras traían el trono desde la iglesia de San Pedro Apóstol. «Esperamos que nos bendiga», sonreían nerviosos ante el momento especial en el que ‘El Chato Uno’ se convertiría en protagonista. «Hasta le hemos dado una mano de pintura para que esté tan blanquico hoy», explicaba López, inmaculado también el pescador ante una embarcación habitualmente repleta de doradas y redes, aunque ayer rebosaba de familiares y amigos.

El gentío habitual de la romería del Carmen no se echó atrás por la alerta amarilla activada por la Agencia Estatal de Meteorología. Solo un poco de brisa marina aliviaba el paso lento de la procesión y las paradas en los altares espontáneos de flores que los vecinos le preparaban a la patrona. Antes de llegar al muelle, ya le dedican vivas y piropos a la imagen que los pescadores compraron en 1940. Cuentan que muchos de ellos se privaron de comer el día que tuvieron que aportar la peseta que les correspondía para pagar la talla y la corona de hojalata. Desde 2003 luce otra de plata con aureola de rayos que la Cofradía compró para la Coronación canónica. La antigua se puede ver en el Museo del Mar, junto a todos sus estandartes.

A la estela del barco de la Virgen le seguía el de los músicos, al ritmo de pasodobles, que se convirtieron en toque de silencio y oración para recordar a los pescadores fallecidos. Sus familias arrojaron como cada año al Mar Menor claveles rojos, que contrastaban con las rosas pálidas del trono, adornado con hortensias blancas y orquídeas moteadas alrededor de los faroles de plata. «¡Viva la Virgen del Carmen! ¡Viva la Virgen guapa!», repetía el portador del estandarte, con respuesta inmediata desde el público.

El gentío habitual de las procesiones costeras no se echó atrás por la alerta por altas temperaturas.

Era el día de los pescadores, que habilitaron una capilla al aire libre en la lonja de pescado para celebrar la misa de campaña tras la travesía marítima, a la que asistieron el presidente murciano Fernando López Miras, la presidenta de la Asamblea regional, Rosa Peñalver, y la alcaldesa, Visitación Martínez, en una jornada multitudinaria en la que la romería cumplió 176 años de historia. Los pescadores llevaron de vuelta a la Patrona hasta la iglesia de San Pedro alrededor de la medianoche.

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